lunes, 28 de marzo de 2016

Un cambio difícil... a Queretaro



Creo que hoy he superado el pensar en que piensa la gente cuando lee lo que escribo y ahora simplemente escribo como si yo fuera el único que lo va a leer y listo. Durante prácticamente toda mi vida vivi en la Ciudad de México, solo en 2005 viví por menos de un año en Steamboat Springs, Colorado, USA, hasta agosto del 2015 que tomé la decisión de venirme a vivir a Querétaro, algo que me costo mucho trabajo, especialmente por dejar a mis amigos. Ahora 8 meses después por momentos me arrepiento... p"ero por otra parte me platican o veo lo que vive la gente que vive en el DF y dejo de arrepentirme. Vivir en Juriquilla me gusta porque puedo salir a correr de la puerta de mi casa y no tener que manejar por lo menos media hora hasta el Desierto de los Leones, ademas de no estar respirando el mugre aire contaminado del DF, y eso es gran ganancia. No es lo bonito que es mi Desierto de los Leones, pero bueno, en términos prácticos para correr esta muy bien, y puedo sentir como el respirar aire mucho más puro es otra cosa; duermo mejor y me siento mejor. Soy un poco paranoico en cuanto a la contaminación, y mientras vivía en el DF tenía todas las ventanas cerradas y las 24 horas del día tenía mi purificador Nikken da aire encendido.
Aquí en Juriquilla mientras no haga frío dejo las ventanas abiertas. Realmente disfruto el no tener que batallar con el tráfico y la gente neurótica, aunque aquí en Querétaro la mayoría de las viejas son unas bestias para manejar... Por otra parte, aquí en Querétaro vivo en una casa bastante amplia y cómoda, tal vez muy grande para mi, pero bueno la elección de la casa es otra historia que no quiero recordar...
Digamos que en términos de deporte donde vivo esta bastante bien, sin embargo veo la gente a mi alrededor y excluyendo a dos o tres, simplemente me siento fuera de lugar, así como dicen las chachas "no mi hallo".. Y bueno, tengo que aceptar que eso también me pasaba en el DF, en menor medida, pero me pasaba... Veo una sociedad totalmente materialista, y bueno aquí en Querétaro el "blof"es una conducta casí obligatoría, que realmente me da flojera, y por momentos me transporta al Desierto del Sahara o a lugares inhóspitos en los que he estado, donde es la naturaleza y yo, aislado del mundo, donde no hay internet, teléfono ó ninguna de esos inventos modernos que solo han embrutecido a la gente... Definitivamente mi sueño de vida sería vivir en una cabaña en el bosque, aislado de la vida moderna, tal y como era la vida para muchos hace más de 100 años, wow, ese sería mi sueño. Y muchas veces me digo a mi mismo, guey, naciste en el siglo equivocado. Tal vez los únicos dos artefactos modernos que aprecio, y buen, muy modernos que digamos no lo son, es mi bicicleta y mi moto, que esta ultima es una replica de una moto de 1940, y pues la bici, si es moderna, pero sigue siendo totalmente mecánica.

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Creo que en gran parte, el salirme de la ciudad fue vivir un poco mi sueño, y pues si lo estoy viviendo, ya que puedo salir a correr de mi casa, pero por otra parte ya me esta dando vueltas en la cabeza el moverme a otro lugar menos poblado, y vender prácticamente todo lo que tengo y quedarme solo con mi perra, moto Ural y bici; de lo demás pues me quedaría con una cámara para fotos, tal vez un laptop para escribir sobre mis aventuras; 2 pares de tenis, uno para pavimento y otro para montaña, unos huaraches, unas botas, 3 pantalones, unos shorts, 3 calcetines, un par de chamarras, un rompevientos, una gorra, un sombrero, unos guantes y dos o tres cosas mas y ya; después de un rato irme a otro lugar y vivir como nomada, acampando o que se yo, pero con el mínimo de pertenencias, únicamente con lo indispensable. Dedicando me a correr y a la bici, participando en cuanto ultramaraton pudiera y listo. Me estoy acordando de Robinson Cruzo, y como soñaba de chico en vivir como el...
No puedo negar que llevo en la sangre este tipo de vida, al grado que de alguna forma mi vida ha sido así, y es lo que me hace muy feliz.

viernes, 18 de marzo de 2016

Aniversario de inicio de tratamiento

Hace 10 años tuve el valor de empezar mi tratamiento contra la Hepatitis C, es increíble como vuela el tiempo, y no siento que sea tanto tiempo, lo que me hace pensar en que será dentro de 10 años.
Afortunadamente después de 48 semanas el Pega-Interferon y la Ribavirina funcionaron, y aunque tiene tiempo que no voy a chequeo, me siento bien. Todavía me acuerdo de la semana posterior a mi primer inyección.

Me sentía con el cuerpo cortado, me dolía la cabeza, tenía nauseas, como si estuviera con una gripa terrible, para darme ánimos trataba de imaginar lo que habrá sido la vida en los campos de concentración como Auschwitz, de la gente enferma con la disentería, la malaria, el tifus y la tuberculosis, e incluso el tifus exantemático; la caquexia (el total agotamiento de las energías vitales como consecuencia de un debilitamiento general y la anemia), los edemas provocadas por el hambre, la sarna y las úlceras de noma (que carcomían la boca ahuecando las mandíbulas y perforando las mejillas como un cáncer); eso si era sufrimiento. Recuerdo que la primera inyección fue en lunes por la noche, y al día siguiente me levante a las 4 am a correr al Desierto de los Leones, me sentía raro, y no fue hasta después de comer que me empece a sentir pésimo. El miércoles y toda la semana fue igual, pero con todo y todo salía a correr en la mañana, aunque solo era una hora y medía a paso muy lento, sentía como si fuera muchísimo. Desde que me levantaba iba muy concentrado, tratando de controlar lo que sentía, como si fuera un faquir que se perfora el abdomen con un pica hielo y de alguna forma siento que me ayudo. Por momentos la idea de sentirme así por 48 semanas del tratamiento me invadía, sin embargo trataba de cambiar de idea.
Afortunadamente, después de dos semanas y media, me dejo de doler la cabeza y me empece a sentir mejor. Por cierto, debido al tratamiento no podía tomar ningún analgésico, así que no me quedaba de otra que aguantarme. Yo creo que los efectos secundarios disminuyeron debido a mi disciplina de correr y llevar mi alimentación y demás cuidados al extremo, ya que en todos los casos los efectos secundarios disminuyen muy poco y en mi caso casi desaparecieron. Lo que si, fue que perdí prácticamente toda mi condición en un par de semanas. Recuerdo como aunque corría muy lento, sentía como mi pulso iba muy acelerado y me constaba mucho correr, inclusive subir las escaleras a mi oficina. Creo que ese sentimiento de haber perdido mi condición de la noche a la mañana fue lo que mas me preocupaba. Como una inyección de 10 ml a la semana y 3 pastillas diarias podían afectar tanto mi condición. Por otra parte, tengo que aceptar que andaba de un humor de la patada y no quería ver a nadie. Afortunadamente Andrea estuvo a mi lado y me apoyo por unos meses, hasta que todo reventó por mi culpa y le tuve que pedir que se fuera, algo que todavía no comprendo que pude hacer. Esas 48 semanas me mantuve aislado como si fuera un monje tibetano, han sido las peores semanas de mi vida. Y aunque los análisis que me hacia cada 3 meses indicaban que el tratamiento si estaba funcionando, yo seguía sin ganas de ver a nadie. El único que me animaba, era mi perro Matías, que no se me despegaba en ningún momento. Eso fue increíble, y estoy seguro que más que salir a correr, fue lo que me saco adelante, como cuando estaba recostado el se acurrucaba a mi lado y empezaba a lamer mi brazo o mano. Gracias Mat, donde quiera que sea que estás.